Título: Captive Flower (Flor cautiva).
Grupo: LOONA.
Protagonista: ViVi.
Género: Drama, angst.
Extensión: Intro + one-shot.
Narración: Primera persona - ViVi.
Advertencias: Situaciones violentas, muertes, palabras malsonantes, maltrato psicológico.
Otros datos: Aparición del resto de integrantes del grupo; utilización de los nombres reales de las integrantes.
Resumen de la historia: Ka Hei siempre fue una chica débil, no solo físicamente, sobretodo mentalmente. La criaron de forma en la que no se valorase a sí misma, para que fuese manipulable. Tras más de veinte años de sufrimiento, finalmente decide escapar, y lo hará a cualquier precio, sea el que sea.
00. 21 years / 21 años (Intro)
01. Cautive flower / Flor cautiva (One-shot)
¡Buenas tardes un día más a todos~! Tras mucho tiempo sin terminar ningún escrito, nada más y nada menos vengo a re-estrenarme con mi primera historia sobre LOONA, uno de mis grupos femeninos rookies favoritos de este año. La protagonista es ViVi, aunque aparecerán todas las integrantes en cierto punto de la historia y algunas serán mencionadas en la introducción.
He querido estructurarlo con introducción antes del one-shot como tal para así poner la historia un poco más en contexto, porque abarca un espacio de tiempo realmente amplio y creí que algo así era más que necesario. Estaré encantada de leer todas las opiniones que dejéis en los comentarios, siempre y cuando se hagan desde el respeto y sean críticas constructivas que me hagan mejorar.
Durante toda la historia se utilizarán los nombres reales de las integrantes, no sus nombres artísticos, por lo que en aquellas que lo necesitan indicaré la concordancia a continuación:
Ka Hei = ViVi | Ye Rim = Choerry | Soo Young = Yves | Jung Eun = Kim Lip
Ji Woo = Chuu | Chae Won = Go Won | Hye Joo = Olivia Hye
Y sin más que decir, tan solo queda que podáis leer este nuevo trabajo y opinar sobre él. ¡Buena lectura! ♥
★ ★ ★
00. 21 years / 21 años (Intro)
Estoy cansada. Muy cansada. Siento que mi corazón se parará en cualquier momento. Solo quiero ser libre, poder experimentar, aunque tan solo sea durante un instante, lo que es la felicidad. ¿Por qué el destino, el universo, ha sido tan cruel conmigo?
ㅡ No vales absolutamente nada, Ka Hei. ¿Crees que esa mirada depresiva te ayudará? No me das pena, me das asco ㅡ. Después de esas palabras siempre llegaba o una patada o un escupitajo, para hacerme ver que era la basura que ellos decían. Al principio lloraba, a todas horas, hasta que mis ojos terminaban ahogados y mi garganta seca. Ahora ya ni siquiera los escucho, porque ya sé de antemano lo que van a decir. Ya no me importa.
Siempre tenía al lado a otras, chicas de preciosa apariencia y de preciosas sonrisas, para torturarme pensando que, en comparación con ellas, yo no era absolutamente nada.
Pasaron una detrás de otra, ninguna se quedó demasiado tiempo; para hacerme ver que yo era la única que no podía irse y la rabia, mezclada con el odio, me hicieran sentirme todavía peor, si es que eso era posible. Algunas fueron buenas conmigo, como Ha Seul, o Ye Rim; otras, como Soo Young y Jung Eun, o me miraban por encima del hombro o simplemente me ignoraban. Realmente, fue mejor cuando no me hacían caso, porque despedirse era lo más duro.
ㅡ Ninguna de ellas te recordará nunca, ¿por qué iban a hacerlo? No eres digna de ser guardada en los pensamientos de nadie. Eres una sucia rata sin valor, como un juguete roto; y a nadie le gustan ni las ratas ni los juguetes rotos ㅡ.
¿Qué puede hacer una chica como yo, totalmente indefensa, para no derrumbarse cuando le repiten que es una mierda? Dejarse guiar por todo eso, creyendo que es la realidad.
Los golpes se sentían mucho menos dolorosos que las palabras, siempre los he preferido; ojalá tan solo hubiesen querido romper mi cuerpo, pero lo que querían era quebrar mi mente; y se quebró tanto que solo veía un agujero negro al mirar hacia el futuro.
ㅡ Esa cara perfecta, esos labios carnosos…¿Crees que eres linda? ¿Una clase de princesa a la que van a venir a rescatar por su cara bonita? Qué asco ㅡ. Las bofetadas eran lo primero que venía, sin fallar ni una sola vez, para luego dejar paso a un empujón que me dejaba en el suelo y continuar con las patadas, en todas partes.
Los moratones y el dolor me recordaban que estaba viva, que a pesar de todo seguía respirando...Y el asimilarlo cada vez que abría los ojos un nuevo día era aterrador, una decepción. ¿Así será toda mi vida? ¿Este es el destino que se escribió para mí el día de mi nacimiento? Lo más sencillo, lo más fácil, sería acabar con mi sufrimiento de una vez por todas, no volver a escuchar nada, que mi corazón dejase de latir...Pero lo peor de todo es que, a pesar de todo, lo que yo quería y seguiría queriendo por siempre sería lo mismo: vivir.
Mi cumpleaños número veintiuno llegó y pasó como si fuese una brisa gélida, sumando un año más a mi cautiverio, a mi sufrimiento...Dando paso al número veintidós; el último año.
Mis fuerzas siempre han sido escasas, pero ahora siento a mi fuerza interior revolverse, decidida a no dejarme tirada en el suelo, decidida a sacarme adelante...Y así es como lo decidí. Es hora de que esta flor finalmente saque sus espinas y reclame lo que me corresponde: la libertad.
★ ★ ★
Aquel día al levantarme me sentí completamente diferente, para variar estaba llena de energía; al fin mi mente había asimilado lo que iba a suceder: iba a marcharme, y nadie iba a poder impedírmelo, ni siquiera yo misma.
La habitación oscura de siempre, la que era mi prisión más pequeña, en esa ocasión me pareció un lugar tranquilo, mucho más bonito de lo que jamás me había parecido; al menos era mejor que estar con aquellas personas que tanto me odiaban y que tan mal me lo hacían pasar. Por suerte, era la última vez que las vería, y eso me daba fuerzas para levantarme. Al poner los pies totalmente descalzos en el suelo y sentir el frío de las losas de mármol me desperté por completo, pero igualmente decidí golpearme ligeramente las mejillas para espabilarme del todo.
Observé la habitación desde la cama, dirigiendo la mirada hacia la supuesta ventana, la que desde el primer momento siempre estuvo cerrada, por la que apenas entraban un par de rayos de sol; pero eso era lo único que necesitaba para recordarme que también había un mundo ahí fuera, y que no estaba todo perdido. Las ganas me inundaron por completo, recorriéndome de arriba a bajo esa energía con la que me había despertado muy poco antes.
Finalmente me levanté de la cama, estirando los brazos lo justo como para desperezarme lo que me faltaba y entrar de lleno en la realidad. Escuché cómo unos pasos se acercaban, recorriendo el estrecho pasillo que llevaba hasta la puerta de mi cuarto; unas pisadas metálicas provenientes de las botas con puntera de acero que él siempre llevaba puestas, o al menos en todos los recuerdos sobre él que me vienen a la cabeza eran su punto estrella.
Me quedé de espaldas a la cama, mirando directamente a la puerta, esperando a que finalmente entrase, como cada mañana. Cuando se abrió frente a mí y vi su rostro, mi corazón se encogió debido a los dolorosos recuerdos, pero no pensaba dejar que el miedo me paralizase ni se interpusiera entre la salida y yo misma.
ㅡ Por una vez me ahorras la molestia de levantarte, aunque no creas que eso te hace menos odiosa ㅡ. Normalmente siempre me arrastraba fuera de la cama a la fuerza, simplemente porque la mayoría de las veces no tenía ningún ánimo para ponerme de pie y tan solo me resignaba a lo que tuviese que pasar.
ㅡ Haga lo que haga voy a ser el mismo ser vomitivo de siempre; no creas que no lo sé ㅡ. Noté cómo se sorprendía, pues normalmente no le contestaba, por no decir que nunca lo había hecho, todo por el miedo. Sacudió la cabeza y frunció el ceño lo máximo que pudo antes de volver a mirarme, con todo el odio del mundo en sus ojos.
ㅡ ¿Quieres hacerte la dura? Cada día eres más patética, si es que es eso posible ㅡ. Estaba tranquila, sus palabras realmente no me afectaban, y aquel día no pensaba dejarme intimidar de ninguna manera posible.
ㅡ Soy mucho más dura que tú, tú solo eres un cerdo cobarde que no puede hacer otra cosa que no sea enfrentarse a una chica totalmente indefensa; ¿en serio te crees un hombre? ㅡ Se notaba enseguida que estaba más sorprendido por mi repentino arrebato tanto de rebeldía como de franqueza que enfadado por todo lo que le estaba diciendo, aunque continuaba dirigiéndome aquella mirada fría y llena de asco de todos los días.
Se acercó tan solo unos centímetros, cogiéndome fuertemente del brazo y fijando todavía más sus oscuros y anteriormente temibles ojos contra los míos; pero mi mirada era una totalmente relajada, sin miedo alguno, sin alteración ante todo lo que podría hacerme o que ya me había hecho antes.
ㅡ Debes agradecer que hoy me siento generoso, por eso dejaré pasar esta oportunidad de enseñarte cuál es tu verdadero lugar ㅡ. Antes habría creído que realmente era generosidad, o incluso compasión, pero solo al principio; tras todos aquellos años sabía que ese hombre no tenía nada de eso en ni un solo rincón de todo su ser.
ㅡ No tengo que agradecerte nada, pues no has hecho absolutamente nada bueno en toda tu mísera y asquerosa vida que sea digna de agradecimiento; no seas tan fantasma ㅡ. Tardó bastante más de lo que esperaba en darme aquella bofetada, la que había estado esperando desde el primer instante en el que le devolví las palabras; se notó toda la rabia que sentía en aquel momento, pero también noté a la perfección que estaba ganando psicológicamente, por primera vez tras veintiún años, los peores años de toda mi vida.
Cuando me recompuse de aquel golpe volví a mirarle, con una sonrisa que prácticamente había copiado de él mismo, llena de burla y de superioridad. Enseguida llegó otra bofetada, una que hizo que mi labio inferior sangrase ligeramente; nada que no pudiese controlar o que fuese realmente perjudicial, pues tras todos aquellos maltratos a lo largo de los años estaba más que acostumbrada, y era mucho más fuerte de lo que nadie podría imaginar.
ㅡ Cierra la boca y ve a prepararte para el desayuno; aunque una palabra más y te quedarás sin comer en todo lo que queda de día ㅡ. Acto seguido salió de la habitación, alejándose rápidamente por el mismo pasillo por el que había aparecido pocos minutos antes, dejando la puerta abierta.
Sonreí ampliamente, satisfecha por haberle hecho vivir en primera persona aunque tan solo fuese una pizca de lo que él me había hecho pasar todos aquellos años. Al parecer me habían hecho más fuerte de lo que yo misma pensaba. "Saldré de aquí dándoles lo que se merecen".
No tardé mucho más en salir también de la habitación, sin ni siquiera haberme puesto las zapatillas, notando ahora el tacto de la madera del suelo del pasillo contra las plantas de los pies. Escuché unas voces provenientes de la cocina, hacia donde me dirigí, justo después de subir las pocas escaleras que se encontraban justo al final de aquel pasillo.
El hombre no estaba allí, solo la mujer; sin duda ella era la que peor me lo había hecho pasar en todos aquellos años, pero también la que más cosas me había enseñado, las cosas que se arrepentiría de haberme dado en cuanto las utilizase contra ella. Cuando giró la cabeza debido al ruido de mis pisadas y al crujido de la madera, nuestras miradas se encontraron, y la expresión totalmente tranquila de mi rostro al parecer la descolocó un poco.
ㅡ No estás llorando; debe ser alguna clase de milagro ㅡ. Sonreí y entonces su expresión reflejó de inmediato lo que se le pasaba por la cabeza: estaba completamente descolocada por culpa de mi comportamiento tan "extraño".
ㅡ Ya me he cansado de llorar por culpa de personas que solo se merecen mi indiferencia ㅡ. Se carcajeó delante de mí, pero yo solo amplié mi sonrisa, provocando que dejara de reír a los pocos segundos.
Nos mantuvimos la mirada durante aproximadamente un minuto entero, sin dejar que mi sonrisa desapareciera en ningún momento. Notaba cómo ella no entendía absolutamente nada, y cómo le enfadaba precisamente eso, el no tener el total control, ni de la solución ni tampoco de mí.
ㅡ ¿Así que ya has encontrado un poco de aplomo? Has tardado veintiún años; eres una lenta sin ninguna clase de talento ㅡ. Mi talento era la resistencia, la cual me había costado años y años desarrollar, tras todos los ataques que había sufrido por parte de ambos.
ㅡ Ha sido gracias a vosotros. De verdad que os lo agradezco ㅡ. Sus ojos se abrieron tanto que pensé que los globos oculares se le iban a salir de las cuencas; estaba claro que la había sorprendido completamente.
Abrió la boca y la cerró unas cuantas veces en muy poco tiempo, como si estuviese buscando palabras para contestarme, pero al parecer ninguna era capaz de salir de su boca. Me acerqué un poco más, quedando justo frente a ella, mirándola con la misma sonrisa.
ㅡ Ya habéis cumplido vuestro cometido, así que ya no sois necesarios ㅡ. Volvió a querer articular palabra, dejando la boca abierta durante algunos segundos, pero nuevamente no salió ni una sola sílaba de sus labios. Y tampoco estaba dispuesta a dejar que saliese ninguna.
Mientras ella continuaba mirándole directamente a los ojos, mi mano se paseó durante unos instantes por la encimera de la cocina, encontrando tras un par de intentos uno de los cuchillos de cocina, el que había estado usando para cortar algunos de los ingredientes para el desayuno hasta que yo había subido del sótano en el que me tenían encerrada.
Volví a sonreír, justo antes de acercarme a su oído, teniendo que ponerme ligeramente de puntillas para llegar a su oreja. Al mismo tiempo moví el brazo lentamente, acercando el cuchillo que ahora llevaba en la mano hasta uno de sus costados.
ㅡ Y lo que no es necesario, tan solo merece desaparecer; gracias por haberme enseñado esa lección tan valiosa, ahora de verdad la comprendo ㅡ. No se habían cansado de repetirme que era innecesaria, que no tenía una razón por la que existir en el mundo, y que por eso mi destino era vivir allí abajo, sin que nadie me conociera ni me quisiera. Ya iba siendo hora de que le diese la vuelta y me tomase aquella lección como a mí me pareciera realmente adecuada.
Sentí su aliento contra mi cuello, había abierto de nuevo la boca para contestar algo, pero aunque en esa ocasión hubiese tenido palabras que comunicar, no le di la oportunidad de hacerlo.
Clavé el cuchillo por encima de su estómago, después de haber movido ligeramente el brazo para así poder posicionarlo donde quería. Me sorprendió lo sencillo que me resultó el atravesar la carne, rozando los huesos según iba introduciendo el filo, poco a poco; quería que sintiera el dolor que yo había sentido durante todos aquellos años.
Escuchaba sus quejidos justo en mi oído, mientras la sangre brotaba de la herida sin ningún tipo de control, manchando no solo la ropa que ella misma llevaba puesta, sino también salpicando el propio camisón que yo solía utilizar. Por alguna extraña razón, aquella sensación me resultó realmente agradable; quizá fuese porque gracias a ellos había perdido poco a poco la humanidad que tenía por naturaleza...o quizá porque realmente mi interior sentía que se estaba liberando finalmente.
ㅡ Que tengas un buen viaje al infierno; si es verdad todo lo que me has dicho durante todo este tiempo, seguro que nos encontramos en algún momento allí abajo ㅡ. Lo dije en voz baja, tapándole la boca al mismo tiempo para que dejase de hacer ruido, para que dejase de intentar pedir ayuda.
Tras unos minutos noté cómo su cuerpo se vencía hacia mí, completamente sin vida. Fue entonces, solo entonces, cuando saqué el cuchillo de su estómago, con un solo movimiento rápido que hizo brotar más sangre todavía, manchándome por completo con ella, incluso el rostro. Y en cuanto di unos pasos hacia atrás, el ahora cadáver calló al suelo automáticamente, dejando que se escuchase un ruido sordo pero potente una vez que se desplomó por completo.
Estuve observando el cuerpo en completo silencio durante unos segundos, sin darle importancia a toda la sangre que me cubría de la cabeza a los pies, pero sin soltar el cuchillo que todavía mantenía en mi mano ni por tan solo unos segundos; el trabajo todavía no había acabado.
Dejé a la mujer sin vida allí mismo, en el suelo de la cocina, y caminé hasta el pasillo más cercano, justo al lado contrario de donde estaban las escaleras que se dirigían hacia abajo. No tardé en averiguar dónde estaba el hombre, pues había dejado la puerta de estancia donde se encontraba medio abierta, y también estaba haciendo ruido al hablar consigo mismo y caminar por toda la habitación.
Primero me asomé ligeramente por la rendija que había dejado al no cerrar la puerta por completo, viendo su espalda a muy pocos metros. Tenía unos cascos puestos y se escuchaba la música tan alta que tenía puesta una vez te acercabas. Abrí la puerta con decisión, escuchándose un chirrido, pero él no lo escuchó al estar totalmente absorto en aquella música tan alta y estridente.
ㅡ Bajar la guardia....Es un error de débil e inútil ㅡ. Repetí las palabras que había escuchado de él en otra ocasión, no fui capaz de recordar cuál exactamente, solo recordé las palabras sin más. Tampoco necesitaba continuar pensando en ello, pues lo único que me importaba ahora era terminar, y marcharme al fin de aquella prisión.
Me acerqué poco a poco, muy despacio, hasta llegar hasta él, quedándome a muy pocos centímetros de su espalda; y él continuaba sin percatarse de mi presencia. No me detuve durante mucho más tiempo, pues era imposible para mí ganarle con respecto a fuerza, así que debía ser rápida y tener la máxima precisión.
En un abrir y cerrar de ojos lo hice, clavé el cuchillo todavía manchado de sangre en el cuello, sin dudarlo ni un solo instante, totalmente segura de lo que estaba haciendo. Él tardó mucho menos en desangrarse, le había dado en un punto vital mucho más clave. Cayó de lado pocos segundos después, sin nisiquiera haber podido darse la vuelta para averiguar así quién había acabado con su vida.
Después de observar su cuerpo totalmente inmóvil, tal y como había hecho también con aquella mujer, volví a sonreír ampliamente, soltando el cuchillo y dejándolo caer justo al lado de uno de mis pies. Ahora era completamente libre, al fin.
ㅡ El aire fresco, el sol, las flores...Personas ㅡ. Noté cómo los ojos se me iban llenando de lágrimas tan solo con pensarlo; solo tenía que salir de aquel lugar y finalmente sería libre, después de haberlo deseado durante tanto tiempo.
Fui prácticamente corriendo hasta la entrada de aquella casa que tanto odiaba, parándome justo frente a la puerta, observando todos y cada uno de los cierres que me separaban de la luz del sol. Me tomé unos instantes antes de comenzar a retirarlos todos, todos y cada uno de ellos, hasta estar tan solo a un solo movimiento: girar el pomo de la puerta.
Acerqué tímidamente la mano hacia la cerradura, cogiendo aire poco a poco, respirando profundamente, buscando las fuerzas que de golpe me habían abandonado. Ahora, justo cuando estaba a tan solo un pequeño paso de distancia de la libertad me entraba el miedo, pero no pensaba dejar que aquello me frenase, ni por asomo.
Cerré los ojos tan solo durante unos segundos, y cuando los abrí me llené de seguridad en tan solo unos momentos, abriendo la puerta de un solo tirón, quedando totalmente abrumada por toda aquella luz que me envolvió por completo en cuestión de unos míseros instantes.
Abrí los ojos como platos una vez que mis pupilas se acostumbraron a toda aquella luz, dejándome golpear suavemente por la brisa que corría...Aquella fue la mejor sensación de toda mi vida, y pensaba atesorarla lo mejor que pudiera.
Según avanzaba fuera de la casa, las lágrimas continuaban saliendo disparadas de mis ojos, brotando sin parar y corriendo por mis mejillas, mezclándose con las gotas de sangre que también cubrían mi rostro. El notar la hierba y la tierra en mis pies descalzos fue una sensación completamente distinta a cualquier otra que hubiese sentido antes, o al menos que pudiese recordar; pero era la mejor sensación que podría haber imaginado o deseado nunca.
Me sentí tan feliz que sentía que el corazón me iba a explotar y a salirse de mi pecho de un momento a otro. Era la primera vez en mucho tiempo que no sentía miedo alguno, que me sentía bien conmigo misma...Que me sentía como una persona más.
Terminé cayendo al suelo después de tan solo unos pasos, fijando entonces la mirada en el suelo. Era incapaz de creer nada de aquello, pero aun así era cierto...Era libre, al fin.
Al escuchar pasos acercarse un escalofrío recorrió mi espalda, de arriba a bajo, obligándome a levantar la cabeza, con algo de miedo por lo que pudiera ocurrir...Hasta que vi el rostro de Ye Rim.
ㅡ Ahí estás. Te hemos estado esperando durante mucho tiempo, Ka Hei ㅡ. El escuchar su voz me provocó una felicidad tan grande que me hubiese sido imposible explicar con palabras. No supe qué decir, y no me dio tiempo a hablar antes de que una nueva silueta se me acercase y se hiciese visible.
ㅡ Ya estás a salvo, estamos todas juntas ㅡ. Soo Young nunca me había parecido tan cercana y cálida como aquella vez, pues el tiempo que pasamos juntas había sido totalmente distante, pero en aquel momento me sentí calmada y feliz de verla, sobretodo cuando me sonrió.
Se fueron acercando más y más siluetas, dejando ver a todas ellas: Jung Eun, Hee Jin, Chae Won, la pequeña Yeo Jin, Jin Soul, Ji Woo, Hyun Jin, Hye Joo...y Ha Seul.
Aquellas once chicas habían pasado en algún momento por aquella casa, habían sido mis compañeras de habitación, mi único contacto con personas ajenas a aquellos dos seres tan despreciables que tanto me habían arruinado la existencia...Pero ahora ellos no estaban, y tenía delante a lo que enseguida supe reconocer: una familia.
ㅡ Vamos Ka Hei, levanta, tenemos que irnos ㅡ. Jung Eun me tendió la mano mientras me mostraba una amplia sonrisa, otra sonrisa que consiguió reconfortarme y sentirme como en casa.
ㅡ No tengas miedo...Ahora nos tenemos las unas a las otras, y jamás volverás a estar sola ㅡ. No fui capaz de evitar llorar todavía más al escuchar las palabras de Hyun Jin, no me creía que fuese real...pero lo era, de verdad lo era.
Cogí la mano de Jung Eun, con mi mano temblorosa, pero ella puso su otra mano sobre la mía para calmarme, y tanto Soo Young como Jin Soul me ayudaron a levantarme, pues también me temblaban las piernas.
Una vez volví a estar de pie las observé a todas, con los ojos llorosas y la cara totalmente manchada por una mezcla de lágrimas, sangre y también tierra. Yeo Jin se alzó de puntillas para limpiarme las lágrimas, y cuando me sonrió no pude evitar hacerlo también.
ㅡ Yo...Estoy en casa, chicas ㅡ. La voz me tembló, pero cuando todas me sonrieron un rayo de esperanza atravesó mi pecho hasta clavarse en mi corazón, dejándome la sensación más cálida que jamás había experimentado.
ㅡ Bienvenida a casa, Ka Hei ㅡ. Sus voces se compenetraron a la perfección, casi como si lo hubieran ensayado, lo que me provocó una ligera risa que las hizo sonreír incluso más todavía. Realmente me sentía en casa...En familia.
ㅡ Gracias...Por estar aquí ㅡ. Solté la mano de Jung Eun tan solo lo justo como para abrazarla, recibiendo un abrazo también por su parte, al que se sumaron todas sin tardar un solo segundo.
Pasados unos minutos, cuando al fin nos separamos, Ha Seul y Hye Joo me cogieron de las manos y comenzaron a caminar, acompañadas de todas las demás, dejando atrás a la que había sido mi cárcel durante veintiún largos años, los peores años de mi vida...Pero mi verdadera vida, estaba a punto de comenzar; y no podía pedir nada mejor que empezar mi vida rodeada de amor y amistad, junto a ellas.
Captive flower
The End.
ResponderEliminarMira, llorando esto por lo horrible que lo tuvo que pasar la pobre ViVi, pero a la vez estoy feliz porque se ha ido y está con personas que le van a hacer mucho bien.
Me ha gustado un mundo todo esto.
PD: A mí sí que me gustan las ratas (?)